
"Algunos gobiernos mantienen infantiles y tontos a sus ciudadanos, porque es difícil engañar a un pueblo demasiado sabio".-A. Jodorowsky
El Bailarín: Ya me estaba esperando en la habitación del hotel cuando ¿Qué crees que pasó?
Incondicional amiga: [¿Cómo se le llamará a ese extraño vano arquitectónico que siempre veo camino al supermercado?] ¿Que te pasó (esta vez)?
El Bailarín: Me tocó una balacera y ya no pude llegar, lástima.
Incondicional amiga: Vaya, quién diría que los mafiosos también atentan contra tu promiscuidad.
Hoy en día el tema de la llamada "inseguridad" es más común que nunca. Enfrentamientos armados y "daño colateral" (dícese de los fallecidos a causa de dichos enfrentamientos y/o ajustes de cuentas entre narcotraficantes y autoridades castrenses/judiciales/municipales) por doquier. Narcomantas, narcomensajes, narcocorridos, narconoticias, narco, narco, narco. Una guerra donde no hay victoria ni derrota, únicamente la reminiscencia de la esperanza.
¿Qué se podía esperar de una sociedad donde el sistema de valores está totalmente corrompido? Donde el éxito financiero con todo el falso respeto y veneración que provoca es más deseable que una vida modesta y bien ganada, intercambiando la tranquilidad a la hora de dormir por un automóvil de lujo, creyendo que uniéndose al crimen organizado obtendrán la dignidad que nunca les fue otorgada, porque en este país todos queremos ser chingones, no intelectuales u honestos mucho menos virtuosos: no hay nada más gratificante que sentir la admiración/envidia de tus allegados que también quieren ser chingones.
¿Qué es ser chingón? No es más que un castillo en el cielo: es tener un automóvil último modelo, una casa (mas bien varias) valorada(s) en millones, vestir ropa excesivamente cara por el único mérito de poseer determinada etiqueta, trabajar poco ganando mucho, ser déspota sin repercusión alguna, tener un trato privilegiado en cines/restaurantes/clubes nocturnos y demás centros sociales, poseer un@, dos, tres, cuatro y demás amantes incondicionales -hasta que el capital aguante- etcétera.
¿Y dónde queda la sublimación del espíritu humano? Perdida tras la sombra de la gran ideología capitalista, alimentada por un sentimiento de inferioridad global que tan bien caracteriza a nuestra sociedad contemporánea, ése que nos impulsa a buscar más -no conocimiento ni sabiduría- poder adquisitivo, en resumidas cuentas, dinero, ese mal tan necesario que cambia perspectivas, disuelve hasta la relación más fuerte, engrandece a los débiles y mueve montañas. No culpo al sistema monetario -que tantos años se ha mantenido vigente- de los conflictos actuales si no a su mal manejo y distribución, a la búsqueda de un estilo de vida en función de la banalidad material, a la discriminación que tanto inspira la búsqueda desesperada de un estatus, al sistema económico y laboral fallido que sume en la más profunda miseria a las "minorías" que son más que la mayoría excusándonos con la frase "el que está jodido es porque quiere" pero ¿Qué tan cierto es? En qué medida las carencias son responsabilidad nuestra y qué tanto nuestro contexto nos orilla a un camino u otro, en este caso la introducción al crimen organizado. ¿Necesidad? ¿Ambición? ¿Influencias externas? ¿Adicción? ¿Rebeldía? ¿Marginación? ¿Escasa o nula moral? ¿Bajo nivel educacional? ¿Disfuncionalidad familiar? Tantas áreas problemáticas que ni por donde empezar.
Lo que me preocupa es lo rápido que nos acostumbramos a mal vivir, la facilidad con la que aceptamos nuestro papel de mártires, cómo permitimos ser manipulados y secuestrados por un grupo de "chingones"; peor aún admirarlos, venerarlos y hasta imitarlos.
Me preocupa lo enferma que se torna cada vez más nuestra sociedad; donde nuestras autoridades morales corrompen a diestra y siniestra; donde nosotros mismos les damos la pauta para pisotear los que supuestamente son nuestros derechos; donde la sabiduría se encuentra en extinción; donde echarle una mano al compadre vale más que ser justo; donde ya no se busca un líder si no un gobernante que no robe tanto; donde la filosofía de vida es "vive rápido, muere joven"; donde hay que emigrar para sobrevivir; donde la polaridad social es insostenible; donde el que no tranza no avanza; donde nuestra cultura se resume a los medios; donde vale más un futbolista sobrepagado que un paraolímpico -que sí gana medallas; donde nuestra máxima aspiración es igualar a nuestros vecinos del norte; donde albergamos los índices más altos de obesidad; donde la televisión muchas veces las hace de tutor; donde la identidad nacional sólo vale para embriagarse. Una sociedad puberta, rebelde y sin rumbo.
Podría continuar enumerando las deficiencias de nuestra orgullosa nación sin llegar a nada como de costumbre. Podría llamarlos a una revolución que no pasa del plano ideal. Podría organizar un auto-destierro colectivo (a ver si es cierto que el problema únicamente se encuentra en el putrefacto sistema.) Pero hay algo en mí que me mantiene aquí, llámese necedad, miedo al cambio, falta de iniciativa, inocencia, conformismo. Sea lo que sea me motiva a confiar en las personas, apelar al lado humano -que aún sigo buscando- y conservar la obstinada esperanza que con unas gotas basta para luchar por un cambio.
Una amiga suele decir que el día en el que deje de creer en la gente y empiece a desconfiar de todos, será el día en el cual le hayan ganado el pensamiento y colonizado la conciencia... Creo que aplica perfectamente en este caso.
ResponderEliminarIgual camarada, nunca dejemos de esperar la revolución!
Que ya vendrá la tan anhelada revuelta, esperemos que ésta no sea una guerra de armas, si no, una revolución de la conciencia!
ResponderEliminarcomo creo haberte dicho alguna vez, tu hilación de ideas me parece asombrosa!
ResponderEliminarAahhh, el comment q dejaste en Matinée...clap, clap, clap
Gracias
efa
Nonono hay nada qué agradecer, es la puritita verdad! Me alegra que te guste mi debrayante manera de expresar :)
ResponderEliminarUn abrazo,
Alice