En cuanto mis delirios Lenianos llegan a su fin y la cordura corre a mi rescate lo único que puedo saborear es la amargura, no rabia, no tristeza. Pura y vil amargura embarga mi ser, amargura de sueños frustrados, amargura de fantasías que no logran realizarse, amargura por el despecho y finalmente amargura de saber lo infructuoso que es mi obsesivo querer, de constatar por enésima vez que aquél mundo detrás del hueco del conejo es un sueño, pero ¿Qué son los sueños? Freud los definió como una proyección de nuestro inconsciente; un supersticioso diría que son mensajes del más allá que nos anuncian algún fenómeno próximo... pero ¿Cómo es posible reducir a una proyección o un mensaje misterioso todas esas horas que pasamos al día? ¿Quién me puede afirmar que ésto no es un sueño y lo que llamamos sueño es la realidad? ¿Es acaso una realidad alterna a la que conocemos en estado de vigilia? ¿Un mundo paralelo en el que las reglas y significados dispuestos cambian? ¿Qué hace real a la realidad? El que no haya nadie que experimente lo que yo ¿Lo hace menos real o inexistente? ¿Existir es ser percibido?
Preguntas sin respuesta que sólo logran aferrarme más a mi locura. No cabe duda que no estoy en proceso de duelo, simplemente no he terminado mi relación con Lenin, el problema es que él no lo sabe.
Siempre tiene lo suyo ser el primero. Me gustó tu narrativa y el remate.
ResponderEliminarSaludos
efa
El orgullo de pisar tierras inexploradas, ser el primero. Por algo las vírgenes siempre han sido tan cotizadas... Me alegra lo hayas disfrutado efa, saludos.
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