viernes, 21 de mayo de 2010

La otra cara de la moneda


Cigarro tras cigarro, incontables vasos de toda clase de bebidas embriagantes (entre otras sustancias), uno que otro amante sin rostro y ni una señal de tu existencia. Me hubiera encantado que llamaras (al fin que no te cuesta) y yo por primera vez decirte que no, ser yo quien decida los términos de nuestro próximo encuentro, ser capaz de decirte que te quiero fuera de mi vida y no dar por sentado que con tu desinterés me apartas del juego, me mandas a ese oscuro lugar llamado olvido, voy a la deriva viajando en los ríos de la desesperanza, la omisión y las ilusiones perdidas.

En el camino me cruzo con otras almas ingenuas como yo, algunos rostros conocidos mientras que otros no tanto, todas fecundadas con la misma semilla: la esperanza. Llevamos a cuestas los restos de nuestras expectativas, todos esos planes y falsas creencias. Regresan a atormentarnos todas esas veces que te excusamos, que le encontrábamos una elaborada explicación a tus errores que no podían dejar más en claro la calidad de desechable en que nos tenías.

Siento como la rabia se comienza a apoderar de mí recorriendo cada rincón de mi cuerpo, cada vena, cada músculo comienza a latir vigorosamente, me invade una gran energía que lo único que busca es venganza, encontrar culpables que paguen parte por mi orgullo herido y mi intelecto burlado.

Rabia que no me deja dormir, que inunda mi pensamiento y nubla mi juicio. Ése oscuro velo que se ha instalado en mi alma, que la ensucia de desconfianza y reproche impidiéndole ver la esencia divina que en cada uno de nosotros habita y así mismo tornándome un tanto más dura de corazón.

Ahora me limito a la practicidad y desvalorización del prójimo tal como una persona "inteligente, madura y funcional" es hoy en día. ¡Cuántas personas han hecho a un lado sus sueños, perdido la inocencia y capacidad para amar! Nos vamos separando los unos de los otros tal como Pangea se segmentó en grandes masas continentales, cada vez más individuales y desconfiados. Los responsables son las personas como tú y como yo que engañamos a nuestro antojo deslindándonos astutamente del dolor ajeno con cláusulas y decretos cual abogado que logra la absolución de un peligroso delincuente.

Aquí estoy yo, la misma historia de abuso y entrega de siempre, sólo que esta vez me tocó ser quien se entrega, sufre y se redime. Ahora veo claramente lo que he inspirado en tantas personas, veo cómo mi confianza se desmorona, mi persona se reduce a cenizas y el dolor mi fiel compañero.

Viene a mí la impotencia de no ser correspondido mientras fraguo ilógicos planes para hacerte volver cueste lo que cueste. Fantasía tras fantasía paso mis días y buscando el dulce olvido en el libertinaje por mis noches hasta llegar a la inconsciencia, ese estado donde nada importa ya, donde el mundo pasa a ser una ilusión y el tiempo no existe.

Entonces es cuando descubro mi fuerza interior, esa llama que me da la calidad de ser viviente e infinito. El mundo de la vida cobra sentido en un abrazo de comunión cuerpo-mente-espíritu siento como empiezo a renacer tal como el Ave Fénix se levanta de sus cenizas ésta vez más fuerte, ágil y sabio, yo renuevo el rumbo de mi existencia, hoy más humilde, sensible y firme cualidades que me acompañarán en la búsqueda de la verdad, lo sublime y purificación de mi ser.

No me queda más que decir gracias, gracias por devolverme la vida, gracias por darme el regalo más grande de todos: la libertad.


Coming back to life - Pink Floyd


Foto: Unmolested For a Few Days por Hakanphotography
Modelo: Suga Nakayama

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