martes, 8 de junio de 2010

Inner Chaos



Al llegar al instituto, Sofía supo de inmediato que ese no sería un día como los demás. Inhalaba pesadamente el aire viciado de incertidumbre, de esos que anuncian una catástrofe próxima. Sentía cómo el calor le enardecía la piel, algo inusual a esa hora de la mañana y época del año.

El cielo de un oscuro azul se comenzó a tornar púrpura para terminar de vestirse de color rojo, un rojo opaco acompañado de nubes grises. Sofía parecía ser la única en notar el detalle y por más que intentó sus compañeros no repararon en sus frenéticos intentos de informarlos, en ese momento el pánico invadió cada uno de sus sentidos. Salió rápidamente del aula buscando una explicación, unos cuantos alumnos también se mostraban curiosos de la siniestra vestidura en el cielo.

Un estruendo se hizo sonar a lo largo y ancho del plantel. Los muros comenzaban a caer, la tierra temblaba como si una banda de gigantes se aproximara. Corrió de un lado a otro en busca de ayuda, subió y bajo escalones, recorrió largos pasillos y el mismo escenario se presentaba ante ella: escombros, polvo y soledad.

Decidió refugiarse en su hogar. Después de una carrera que le pareció eterna una vaga sensación de alivio le recorrió el cuerpo. Subió la escalera en búsqueda de cualquier atisbo de familiaridad. En la cocina se encontraba una figura masculina, ataviada con ropa deportiva y un reproductor de música, plácidamente daba ligeros brincos a manera de baile.

Al acercarse más Sofía reconoció a su padre, en realidad, el cuerpo de su padre, había algo diferente en él.

-¿Papá? ¿Qué esta sucediendo?

Apenas concediéndole una mirada, continuó con su peculiar ritual. En ese momento fue cuando advirtió un par de cicatrices en el pecho de su padre, parecían una especie de rasguños. La idea de que alguien le hubiera hecho daño le abrumaba. En un intento de mostrar su preocupación recorrió el dedo índice por la cicatriz más grande, lo que inmediatamente provocó que éste ardiera, como si estuviera en contacto con una especie de ácido. La mirada de él, llena de furia, orgullo y suficiencia penetró la de ella. En ese momento lo reconoció, todas las dudas, el miedo, la incertidumbre y confusión se disiparon instantáneamente.

-Eres el Diablo, ¿Verdad?


Foto: Anguish por Archan Nair
Emotional Series

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